La ciencia ficci?n ya est? en la vida diaria

Crece el uso de los chips subcut?neos

Parece un cuento de ciencia ficci?n, pero no lo es. En marzo de 2004, el due?o de la discoteca Baja Beach Club, en Barcelona, Conrad Chase, organiz? una fiesta a la cual concurri?, adem?s de los invitados, un grupo de m?dicos con un ?nico prop?sito: implantarles a todos los presentes VIP un microchip subcut?neo en la mano que funciona como un sistema de identificaci?n personal, que les permite ingresar al local sin necesidad de hacer colas y pagar sus tragos con s?lo acercar el brazo a la caja.

Ahora bien, lo m?s incre?ble de esta historia es que no es ?nica. En los ?ltimos a?os, casos similares al de la discoteca Baja Beach Club se multiplicaron en distintos pa?ses y han despertado la preocupaci?n de algunas asociaciones de derechos humanos, que sostienen que la implantaci?n de microchips atenta contra la privacidad de la persona.

Hasta la fecha, existen brazaletes, celulares o ropas con chips que contienen el sistema de posicionamiento global (GPS, por sus siglas en ingl?s), que pueden localizar a personas. Pero a?n no se han desarrollado microchips subcut?neos con GPS. En la actualidad, la implantaci?n del chip bajo la piel tiene otros usos: de acuerdo con la informaci?n que contenga, puede abrir puertas, identificar a personas, comunicar el historial cl?nico de quien lo usa o reemplazar tarjetas de pago.

La principal empresa que comercializa este tipo de microchips es la norteamericana VeriChip, filial de Applied Digital Solutions, con sede en Palm Beach, Florida. Seg?n su vocero, John Procter, la empresa trabaja principalmente sobre dos aplicaciones: para identificaci?n personal y para acceder al historial cl?nico de una persona.

Del tama?o de un grano de arroz, el microchip -que cuesta unos 200 d?lares y que desde hace a?os se implanta en mascotas para su localizaci?n- se inyecta generalmente en el brazo del usuario y contiene un n?mero de identificaci?n que se obtiene pasando un esc?ner por el lugar donde est? implantado el aparato. Luego, con ese n?mero personal, se accede autom?ticamente a una base de datos, que contiene la informaci?n que haya sido cargada al microchip.

Riesgos a flor de piel

Quienes est?n a favor de esta implantaci?n sostienen que el admin?culo es ?til, pr?ctico e imposible de perder u olvidar. Quienes se oponen al dispositivo, en cambio, aseguran que la sola idea de llevar algo implantado en el cuerpo, que no se puede apagar, supone una invasi?n total de la intimidad.

“Adem?s, la informaci?n del chip puede ser f?cilmente hackeada. He visto pruebas de c?mo en menos de un minuto, con una palm, se puede clonar la identidad del chip”, cont? a LA NACION Katherine Albrecht, autora del libro Spychips . “El gobierno podr?a eventualmente usar los microchips para rastrear a personas”, sostiene Liz McIntyre, coautora del libro.

En 2006, el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, sugiri? a los Estados Unidos el uso de microchips para controlar a los inmigrantes colombianos en ese pa?s. Y VeriChip comenz? a hacer lobby para implantar chips subcut?neos a los soldados de EE.UU. y reemplazar as? las chapas de identificaci?n.

Hoy en d?a, la mayor?a de la gente considera el uso de chips bajo la piel como algo propio de una pel?cula de ciencia ficci?n. Sin embargo, hay quienes aseguran que las pr?ximas generaciones no tendr?n prejuicios en utilizarlos. Hace unos meses, de hecho, una encuesta realizada en Gran Breta?a revel? que un 10% de los adolescentes brit?nicos ya est? dispuesto a soportar un microchip en su cuerpo para pagar las compras.

Por Adriana M. Riva
De la Redacci?n de LA NACION

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/914178

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